viernes, 2 de diciembre de 2011


Reyes magos o Barbie

Se tiende a relacionar la pérdida de la inocencia con momentos de descubrimientos de autoría: ratoncito perez vs el angelito o los reyes magos vs el papa noël. Pero es una gran falacia. La primera vez que mentimos, que defendemos nuestra falsa inocencia, que vemos pornografía, aquí es cuando realmente empieza a menguar. El porno lo descubrimos mucho antes de lo que pensamos, ya que conceptualmente porno son todos aquellos materiales, imágenes o reproducciones que representan actos sexuales.
Es quizá lo que más se reproduce, por ser uno de los mayores placeres del ser humano. Por ello en el sexo somos primerizos en romper la inocencia. Barbie,  con sus extremadas curvas, sus protuberantes pechos y su culito respingón, consiguió que las niñas cambiaran su juego de mamás por el de mujeres exuberantes que se divertían con Ken. ¿No sería Barbie quizás una herramienta de formación que se inventaron los hombres de los 60? (bueno eso ya es otro tema). Pero es uno de los momentos en el que las niñas desean asumir los roles de la mujer adulta aún sin saber lo que significa realmente no haber perdido la inocencia en muchos sentidos.
Esa es la edad que comprendía la figura narrativa de  Vladimir Nabokov, Lolita, la que muchos no entendieron y como dice el propio autor la interpretaron como “gatas callejeras, modelos baratas, o simples delincuentes de largas piernas, son llamadas nínfulas o "Lolitas””.
Es quizá la inocencia camino a la picardía lo que producía la incontrolable atracción del protagonista, tal y como dijo Nabakov “La nínfula, sólo existe a través de la obsesión que destruye a Humbert. Éste es un aspecto esencial de un libro singular que ha sido falseado por una popularidad artificiosa." Y es que a la artificiosa se le añadió un toque más sexual por los que carecían de la inocencia deseada…

martes, 29 de noviembre de 2011

Seamos más atractivos


La inocencia nos resulta muy atractiva. En ella vemos sencillez, simplicidad, coherencia, talento para percibir la verdad y una gran capacidad creativa y para amar. Sin embargo, hoy en día es un bien escaso cuya durabilidad se acorta con el paso de los años. Pensamos que todos los niños son inocentes hasta cierta edad, pero en la mayor parte de los casos ya no es así. Para lograr sus intenciones, cada vez aguzan más los sentidos y se valen de estrategias de adultos, eso sí, aún mezcladas con una pizca de inocencia, mientras nosotros seguimos felices en nuestro desconocimiento. La televisión, las conversaciones de los mayores, los dibujos, los videojuegos, el entorno…: todo contribuye a que descubran más rápido las incógnitas de la vida y del ser humano.
Es por ello por lo que, cuando la percibimos, nos sorprende y agrada, aún más si sus poseedores son personas adultas. La sinceridad y la naturalidad que desprenden nos inspiran confianza y nos enamoran. Nos atraen su pasión, su curiosidad y, a la vez, su aparente vulnerabilidad. Es un don que se extingue y que nos gusta sentir cerca; no obstante, en general no deseamos poseerlo, al creer que así seremos menos manipulables. Pero ¿por qué, si con la pérdida de nuestra inocencia primigenia nos abandonan esa confianza y esa curiosidad inicial apasionadas? Pues por el miedo que, al morir esta, nace y nos llena de temores, mentiras y tristeza, hace que nos acostumbremos a esa actitud y nos empuja a adoptarla como disposición natural. Dejémonos de tonterías, seamos más atractivos y volvamos a la inocencia.